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jueves, 1 de agosto de 2013

La Dirección por Valores


Según la III Encuesta de ADECCO: la felicidad en el trabajo, “para los trabajadores españoles, el secreto de esta felicidad, pasa en primer lugar, por disfrutar del trabajo que se hace unido a la realización personal y el reconocimiento que el empleo conlleva, así opina el 38,7% de ellos. Tras esto, el 20,7% considera que disfrutar de un buen ambiente de trabajo y el compañerismo son la clave, mientras que para el 12,4% la felicidad profesional llega de la mano de un buen salario.


La tendencia ha cambiado con respecto a 2011 cuando los factores más importantes para ser feliz en el trabajo eran un mejor sueldo (27,4%), disfrutar del trabajo (20,1%) y una jornada laboral más flexible o con mejor horario (13,7%). Aumenta, por tanto, el porcentaje de personas que opina que para ser feliz en el trabajo hay que disfrutar de él y tener un buen clima laboral (se sitúan en primera y segunda posición), mientras que desciende fuertemente el porcentaje de los que valoran mayoritariamente el sueldo, el horario o la flexibilidad laboral como factores para alcanzar la felicidad en el trabajo”.


Vista la encuesta se puede observar que ganar más dinero no es la finalidad primordial de los trabajadores españoles y que lo que realmente mueve a las personas y las organizaciones es algo mucho más complejo que el dinero. Las empresas tienen que adaptarse a este cambio de tendencia que proponen las personas que las forman y en ese camino es probable que puedan surgir nuevas formas de gestión que favorezcan la realización personal y el reconocimiento profesional de sus integrantes. Destaco el marco de dirección por valores ya que me parece apropiado para conseguir estos objetivos.


La dirección por valores introduce la dimensión personal dentro del pensamiento directivo, para configurar empresas que tienen una visión integral del ser humano, como recurso tanto racional como emocional. Desde este marco global se puede rediseñar la cultura de la organización, pasando por un proceso de cambio que va desde los valores de orientación al control a los valores de desarrollo de personas.


Para llevar a cabo este cambio, es necesario contar con un líder transformador e inspirador, que crea en lo que hace y pueda contagiar a su equipo la energía y las ganas de trabajar en un proyecto con una clara visión y misión cargada de valores sociales, abriendo espacios de comunicación con ellos y haciéndoles partícipes de la identidad de la organización, ya que esto permitirá al equipo liberar su energía creativa e incidirá en sus realización personal y profesional.

En una siguiente fase será necesario adecuar el entorno, las estructuras y espacios, las políticas de personas y los procesos, para dar coherencia a la visión implantada y por último evaluar periódicamente el nuevo marco, para a través del feedback de los trabajadores y de los resultados obtenidos, realizar los ajustes necesarios para un aprendizaje continuo hacia la excelencia.